LAS EMOCIONES
Numerosas pruebas
anatómicas y psicológicas demuestran que pensar y sentir, es decir, el cerebro
racional y emocional, forman una unidad inseparable. Para poder comprender e
interpretar nuestro entorno necesitamos ambas cosas: la inteligencia racional y
planificadora y el mundo de las emociones que suele actuar de un modo más bien
espontáneo. Sólo la coordinación de la capacidad de sentir y la capacidad de
pensar otorga al ser humano su amplio abanico de posibilidades de expresión,
único en la naturaleza.
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1.
¿QUÉ ES UNA EMOCIÓN?
Siguiendo
a Goleman (1996), delimitaremos los alcances de la definición de emoción, como
un estado afectivo que experimentamos, en el que es acompañado de cambios
orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influidos por la
experiencia. Toda emoción tiene una función adaptativa de nuestro organismo
frente a lo que nos rodea. Además es un estado que sobreviene bruscamente y
súbitamente.
La emoción es una experiencia individual, en
tanto que cada individuo la vive de forma particular, dependiendo de sus
experiencias anteriores, aprendizajes, carácter y de la situación concreta.
2. ¿CÓMO FUNCIONAN LAS EMOCIONES?
Imagínese que pasea en bicicleta por un camino
forestal. De pronto le sale al encuentro corriendo un perro pastor. Su relación
con los perros es más bien distante. ¿Qué sucede en su interior?
Sus ojos mandan señales al tálamo, que traduce el
estímulo sensorial que está recibiendo al lenguaje del cerebro y lo transmite a
las zonas del cerebro correspondientes: por un lado, a los lóbulos
prefrontales, que son responsables de la evaluación intelectual del problema,
pero, por otro lado mediante una vía más rápida de transmisión de señales y con
muchos menos detalles, también a la amígdala. Mientras el neocórtex recibe su
mensaje y lo estudia en todos sus aspectos, la amígdala decide, basándose en
una experiencia de la primera infancia, quizás ni siquiera consciente, que
existe un peligro y es necesario actuar con rapidez.
La amígdala ha clasificado la
situación como peligrosa. A través del hipotálamo, los nervios, el sistema
motriz, el sistema hormonal y péptido y la activación de los neurotransmisores
provocan una serie de reacciones. Su corazón empieza a latir con más fuerza,
sus músculos se tensan, empalidece, sus entrañas se contraen, los rasgos de su
rostro adoptan una expresión de miedo. Sin una participación cognitiva
consciente, la amígdala pone en marcha una reacción de miedo congénita,
preorganizada: se pone rígido y frena.
Los cambios en el estado del organismo son transmitidos
al sistema límbico, que, mirando por encima de su propio hombro, podrá dar la
señal de que ha pasado el peligro en el momento adecuado.
Mientras tanto, el lóbulo prefrontal analiza el
acontecimiento emocional de forma cognitiva y reflexiona acerca de una reacción
efectiva: hablar con calma al perro, no manifestar miedo alguno y continuar
avanzando despacio parece ser lo más adecuado en ese momento.
3. ¿PARA QUÉ NECESITAMOS LAS
EMOCIONES?
Las emociones son mecanismos que nos ayudan:
ü Reaccionar con rapidez ante
acontecimientos inesperados;
ü Tomar decisiones con prontitud y
seguridad, y
ü Comunicarnos de forma no verbal
con otras personas.
Investigaciones en pacientes cuyas zonas emocionales
del cerebro habían sido dañadas por accidentes o enfermedades han demostrado
que la falta de la participación emocional en el enjuiciamiento de las
situaciones lleva a decisiones incorrectas, y que la carencia de emociones
puede socavar el sentido común de las personas. Sólo la aplicación inconsciente
o intencionada de las emociones proporciona la dimensión humana a nuestra vida
cotidiana y hace comprensible para los demás nuestra actuación social o
profesional
4. EMOCIONES Y SALUD
La salud del hombre es un complejo proceso sustentado
en la base de un equilibrio entre factores biopsicosociales.
Emociones son procesos
psicológicos que frente a una amenaza a nuestro equilibrio, ya sea físico o
psicológico, actúan para restablecerlo ejerciendo así un papel adaptativo. Sin
embargo en algunos casos, las emociones, influyen en la contracción de
enfermedades, dejando de ser procesos adaptativos. La función adaptativa de las
emociones va a depender de la evaluación que haga la persona del estímulo que
pone en peligro su equilibrio, y de la respuesta que genere para afrontar ese
estímulo.
Siendo la salud humana un complejo proceso de
adaptación en el que confluyen factores biológicos, psicológicos y sociales,
una persona sana debe estarlo tanto en mente como en cuerpo, es decir existe
una relación. Esta relación permitió el nacimiento de una nueva ciencia, la
psiconeuroinmunologia (PNI), que estudia cómo influyen ciertos procesos
psicológicos en la salud.
Gracias a los estudios derivados de la PNI, se ha
descubierto un vínculo físico (sinapsis), entre células del sistema nervioso y
del sistema inmunológico, haciendo a estos dos sistemas humanos,
interdependientes.
Una de las formas como influyen los procesos
psicológicos en la salud, es a través de las emociones. Tanto las emociones
positivas (alegría, buen humor, optimismo) como las negativas (ira, ansiedad) y
el estrés influyen en la salud.
Las emociones perturbadoras influyen negativamente en
la salud favoreciendo la contracción de ciertas enfermedades, ya que hacen más
vulnerable el sistema inmunológico, lo que no permite su correcto
funcionamiento.
Las emociones positivas son un beneficio para nuestra
salud, ya que ayudan a soportar las dificultades de una enfermedad y facilitan
su recuperación.
Todos estos descubrimientos sobre emociones y salud,
tienen su aplicación en el tratamiento de las enfermedades, ya que este deberá
ser un tratamiento integral, que considere la recuperación tanto de los
factores físicos como de los factores psicológicos del paciente.
Emociones Negativas:
Se ha descubierto que las emociones negativas, como la
ira, la ansiedad o la depresión, y también el estrés, debilitan la eficacia de
ciertas células inmunológicas.
Estudios confirman que las emociones perturbadoras son
malas para la salud. Se descubrió que las personas que experimentan ansiedad
crónica, prolongados períodos de tristeza y pesimismo, tensión continua u
hostilidad, cinismo o suspicacias implacables, tenían el doble de riesgo de
contraer una enfermedad, incluidas asma, artritis, dolores de cabeza, úlceras
pépticas y problemas cardíacos. Esta magnitud hace que las emociones
perturbadoras sean un factor de riesgo tan dañino como lo son, por ejemplo, el
hábito de fumar o el colesterol elevado para los problemas cardíacos, es decir,
una importante amenaza a la salud (Goleman, 1996).
Lo anterior no indica, en modo alguno, que todos
aquellos que tengan estos sentimientos serán más vulnerables a una enfermedad.
- Influencia de la Ira en la
salud
La ira es una emoción negativa que
influye en la salud, fundamentalmente generando problemas en el corazón.
Estudios realizados en la Facultad
de Medicina de la Universidad de Stanford han descubierto el impacto que la ira
tiene en la función cardíaca: en pacientes que habían sufrido al menos un
ataque cardíaco, cuando se sentían furiosos e incluso cuando recordaban esos
episodios, se producía una disminución de la eficacia de bombeo de su corazón,
la cual no se observó con otros sentimientos perturbadores como la ansiedad.
(Goleman, 1996).
Tomemos el caso de una persona que
se enfurece repetidas veces. Cada episodio de ira añade una tensión adicional
al corazón aumentando su ritmo cardíaco y su presión sanguínea. Cuando esto se
repite una y otra vez, puede causar un daño, sobre todo debido a que la
turbulencia con que la sangre fluye a través de la arteria coronaria con cada
latido puede provocar microdesgarramientos en los vasos, donde se desarrolla la
placa. Por eso, si su ritmo cardíaco es más rápido y su presión sanguínea más
elevada porque está furioso habitualmente, tendrá mayor probabilidad de
producir una enfermedad coronaria (Goleman, 1996).
Esta reactividad exagerada conduce
a un ritmo cardíaco rápido, sensación de urgencia, impaciencia y hostilidad.
Las prisas, las competencias y cosas parecidas aumentan la tensión acelerando
la excitación simpática y contribuyendo más a la posibilidad de problemas
coronarios (Davidoff, 1989).
El complejo ira-hostilidad se
considera el aspecto psicológico que permite entender la influencia de los
procesos emocionales en los trastornos cardiovasculares. Este complejo no es
unitario, sino que está configurado por distintas variables psicológicas, las
que en los hombres pueden variar con respecto a las mujeres (Breva y Palmero,
1998).
- Influencia de la Ansiedad en
la Salud
La ansiedad es una emoción
negativa, una perturbación provocada por las presiones de la vida diaria. Es la
emoción con mayor peso como prueba científica al relacionarla con el inicio de
la enfermedad y el curso de la recuperación.
Como todas las emociones, la ansiedad,
tiene utilidad adaptativa: nos ayuda a prepararnos para enfrentarnos a algún
peligro. Pero en la vida moderna, es más frecuente que sea desproporcionada y
fuera de lugar; la perturbación se produce ante las situaciones con las que
debemos vivir o que son evocadas por la mente, no por peligros reales que
debemos enfrentar. Por esta razón se esta convirtiendo en un riesgo para la
salud si se presenta en forma crónica. Si las angustian perduran, estas
amenazan la salud; una mayor cantidad de cambios en la vida y de molestias está
vinculada con una mayor probabilidad de enfermedades físicas.
La ansiedad influye,
principalmente, en la contracción de enfermedades infecciosas tales como
resfriados, gripes y herpes. Estamos constantemente expuestos a esos virus,
pero normalmente nuestro sistema inmunológico los combate, sin embargo, con la
ansiedad esas defensas fallan. Las diferencias en resistencia a las
enfermedades infecciosas se deben, en parte, a las tensiones de la vida.
Cuantas más ansiedades existan, mayor será la incidencia de males infecciosos.
Durante la tensión las respuestas
hormonales suprimen ciertas funciones inmunológicas, haciendo que las personas
sean más susceptibles a los patógenos que causan los males infecciosos. Cuando
la ansiedad persiste, las actividades inmunológicas pueden estar deprimidas.
El precio de la ansiedad no sólo
es que disminuye la respuesta inmunológica; otra investigación está mostrando efectos
adversos en el sistema cardiovascular. Mientras la hostilidad crónica y
episodios repetidos de ira parecen poner a los hombres en un gran riesgo de enfermedad
cardíaca, las emociones más mortales en las mujeres pueden ser la ansiedad
y el temor. Lo que ocurre es que sistema nervioso simpático activado hace que
los riñones retengan sal, la cual altera la regulación de la presión arterial
en las personas susceptibles debido a las preocupaciones (Davidoff, 1989).
La razón es evidente: el pánico y
la ansiedad elevan la presión sanguínea y las venas dilatadas por la presión,
sangran más abundantemente cuando el cirujano hace la incisión con el bisturí.
La hemorragia excesiva es una de las complicaciones quirúrgicas más molestas y
puede provocar la muerte (Goleman, 1996).
- Influencia del Estrés en la
Salud
El estrés mental crónico parece
inducir la superproducción de un producto químico, el péptido derivado del gen
de la calcitonina en los terminales nerviosos de la piel. Por esto, el péptido
recubre excesivamente la superficie de ciertas células inmunológicas (células
de Langerhans), cuya tarea es capturar agentes infecciosos y entregarlos a los
linfocitos para que el sistema inmune pueda contrarrestar su presencia. Debido
a la menor vigilancia en una vía importante de acceso, el cuerpo es más
vulnerable a las infecciones (Damasio, 1994).
Con lo anterior podemos darnos
cuenta de lo nocivo que puede llegar a ser el estrés, pero aún así no es causa
directa de enfermedades. El estrés no causa la enfermedad en sí, sino que
impide la recuperación porque baja las defensas del cuerpo y aumenta la
sensibilidad de la persona a los problemas físicos que han existido
anteriormente (Reeve, 1994).
Múltiples estudios clínicos han
demostrado que la palabra más adecuada para describir la relación entre estrés
y salud es impacto, pues los factores psicosociales no son causa de
enfermedad, sino que desempeñan un rol en la alteración de la susceptibilidad
del paciente a las enfermedades (Rodríguez y Vega, 1998).
Estudios han demostrado que
estresores potenciales como: grandes cambios en la vida, situaciones vitales
crónicas y pérdida del apoyo social, están relacionados con enfermedades
cardiovasculares, debido a que la secreción de hormonas durante el estrés
parecen contribuir en este tipo de enfermedades, ya que: incrementan la
tendencia de coagulación de la sangre, (si un coágulo se aloja en la arteria
coronaria es probable sufrir un ataque cardíaco), elevan los niveles de ácidos
grasos libres y triglicéridos que obstruyen las arterias, y aumentan la presión
arterial (Davidoff, 1989).
En cuanto a la contracción de enfermedades
infecciosas como virus del herpes o de la gripe, el estrés influye ya que
debilita la acción del sistema inmunológico.
La relación entre estrés y cáncer
parece estar en los efectos supresores del estrés en el sistema inmunológico.
Si se deprimen las funciones inmunológicas, los organismos tienen menos
capacidad para enfrentarse a los agentes cancerígenos (Davidoff, 1989).
CONCLUSIONES:
Conocer las propias emociones es algo fundamental.
Reconocer cuál es la emoción que estamos sintiendo, en el momento en que la
sentimos es tremendamente útil, ya que nos permite un mayor conocimiento de
nosotros mismo y también nos permite saber canalizar y expresar esas emociones
hacia los demás de manera adecuada.
Todas las emociones son buenas, mirándolas desde el
papel adaptativo que juegan, sin embargo hoy se sabe que hay algunas que si se
salen de los límites normales y se vuelven crónicas, ya no son tan buenas.
En la comunidad científica ya se acepta que las
emociones tienen cierta influencia en la salud: se reconoce un vínculo físico
entre el sistema nervioso y el inmunológico, que hace que estos sistemas, sobre
todo el inmunológico dependa del nervioso para su correcto funcionamiento. Así,
las emociones negativas y el estrés afectan al sistema inmunológico, haciéndolo
más vulnerable; y las emociones positivas, el buen humor, el optimismo y la
esperanza, junto al apoyo de otros, ayudan a soportar una enfermedad y
facilitar su recuperación. Con esto, se estableció la relación mente/cuerpo,
que permitió el nacimiento de una nueva disciplina de estudio, la
Psiconeuroinmunnología.
Todos estos descubrimientos tienen una aplicación
innegable para los profesionales de la salud en el tratamiento de las
enfermedades, ya que deberán considerar un tratamiento integral para el
paciente que considere tanto los factores físicos como los psicológicos de
este.
Algunos cambios para la medicina en el tratamiento de
enfermedades, tomando en cuenta el efecto de las emociones en la salud, serían:
ayudar a la gente a manejar mejor sus sentimientos perturbadores (ira,
ansiedad, depresión, pesimismo y soledad) ya que es una forma de prevención de
la enfermedad; y atender las necesidades
psicológicas de los pacientes al mismo tiempo que las médicas.
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INTELIGENCIA EMOCIONAL
Goleman en su libro,
INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LA EMPRESA (1998), utiliza el término de Inteligencia
Emocional para referirse a la capacidad de reconocer nuestros propios
sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones, en
nosotros mismos y en nuestras relaciones.
Teniendo en cuenta las anteriores consideraciones, podríamos decir que la IE es una capacidad que tiene o puede desarrollar el individuo para crear resultados positivos en sus relaciones consigo mismo y con los demás; se encuentra relacionada con la manera en que identificamos, utilizamos, entendemos y administramos nuestras emociones, de modo que “represente un salto sumamente significativo en los ámbitos de la comprensión de la conducta humana...”
Teniendo en cuenta las anteriores consideraciones, podríamos decir que la IE es una capacidad que tiene o puede desarrollar el individuo para crear resultados positivos en sus relaciones consigo mismo y con los demás; se encuentra relacionada con la manera en que identificamos, utilizamos, entendemos y administramos nuestras emociones, de modo que “represente un salto sumamente significativo en los ámbitos de la comprensión de la conducta humana...”
Puede agregarse que “la IE trata acerca del sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos”.
Es un concepto relacionado con la diferenciación de respuestas que pueden ofrecer los individuos ante situaciones determinadas; es “una destreza que nos permite conocer y manejar nuestros propios sentimientos, interpretar o enfrentar los sentimientos de los demás; sentirnos satisfechos y ser eficaces en la vida, a la vez que crear hábitos mentales que favorezcan nuestra propia productividad”.
La inteligencia emocional
presenta cinco dimensiones:
1. Autoconocimiento: Saber que se siente en cada momento, es decir conocer los propios estados
internos, preferencias, recursos e intuiciones, y utilizar esas
preferencias para orientar nuestra toma de decisiones; tener una idea realista
de nuestras habilidades, fortalezas, debilidades y una bien basada confianza en
uno mismo.
2. Autorregulación o
control de sí mismo: Manejar las emociones, es decir los
propios estados internos, impulsos y recursos. De modo que faciliten la tarea
entre manos, en vez de estorbarla; ser escrupulosos y demorar la gratificación
en pos de los objetivos; recobrarse bien de las tensiones emocionales.
3. Motivación: Utilizar nuestras preferencias más profundas para orientarnos y avanzar hacia
los objetivos, para tomar iniciativas y ser efectivos y para perseverar
frente a los contratiempos y las frustraciones. Se manifiesta en las personas
que muestran un gran entusiasmo por su trabajo y por el logro de las metas por
encima de la simple recompensa económica, con un alto grado de iniciativa y
compromiso, y con gran capacidad optimista en la consecución de los objetivos.
4. Empatía: Percibir lo que sienten los demás, es decir, la captación de sentimientos,
necesidades e intereses ajenos, ser capaces de ver las cosas desde su
perspectiva y cultivar la afinidad con una amplia diversidad de personas. Las
personas empáticas normalmente tienen mucha popularidad y reconocimiento
social.
5. Habilidades
sociales: Habilidad para inducir en los otros las respuestas
deseables, es decir, manejar bien las emociones en una relación e interpretar
adecuadamente las situaciones y las redes sociales; interactuar sin
dificultad; utilizar estas habilidades para persuadir, dirigir y liderar,
negociar y resolver disputas, para la cooperación y el trabajo en equipo.
Las tres primeras
corresponden a la aptitud personal, es decir a las aptitudes que determinan el
dominio de uno mismo. Las dos últimas corresponden a la aptitud social, es
decir a las aptitudes que determinan el manejo de las relaciones. Inmersas en
estas cinco dimensiones se encuentran 25 aptitudes emocionales.
APRENDIENDO A MANEJAR EMOCIONES
Las emociones en el ser humano, tienen una
gran influencia en su salud, su comportamiento y en sus relaciones con los demás.
Poco después del nacimiento, empezamos a adquirir emociones básicas o primarias
como el miedo, el enojo, la alegría entre otros. Luego, se van haciendo más
complejas gracias al lenguaje y el aprendizaje social.
Desgraciadamente, el ámbito de las emociones, ha sido un
mundo del cual muy poco conocemos. Por lo tanto, se ha vuelto un área
conflictiva y difícil de manejar, afectando esto nuestra salud y nuestras
relaciones con quienes nos rodean.
Arrastramos una educación en la que las emociones no han sido
tan relevantes de considerar, sino más bien censuradas o suprimidas; contrario
al protagonismo que nuestra cultura le ha dado a las capacidades intelectuales.
Muchos hemos crecido en familias donde se censuraba la expresión del afecto en
forma explícita. En medio de esta desvalorización del mundo emocional, hemos
llegado a perder el control de las mismas y actualmente se nos dificulta poder
manejarlas adecuadamente.
Al hablar de emociones, necesariamente hay que referirse a
los pensamientos, pues existe una estrecha relación entre ambos, que definen
nuestro estado de bienestar y salud. Una persona que está sosteniendo malos
pensamientos acerca de una situación, muy posiblemente va a sentirse mal, así
como alguien que esté experimentando un fuerte dolor de estómago, no va a poder
pensar muy bien.
También es importante recordar, que una emoción es producto del significado subjetivo y la interpretación que le demos a las situaciones, por lo tanto, cada quien experimenta sus emociones de acuerdo a cómo interpreta los hechos y de acuerdo a los pensamientos que sostenga sobre esas situaciones. De ahí que, ante un mismo hecho, las personas pueden sentir emociones diferentes.
También es importante recordar, que una emoción es producto del significado subjetivo y la interpretación que le demos a las situaciones, por lo tanto, cada quien experimenta sus emociones de acuerdo a cómo interpreta los hechos y de acuerdo a los pensamientos que sostenga sobre esas situaciones. De ahí que, ante un mismo hecho, las personas pueden sentir emociones diferentes.
Es por eso que no podemos desligar nuestra mente de nuestras
emociones; y para poder manejarlas, es necesario empezar por conocer nuestro
mundo interior. Este autoconocimiento, comienza por saber reconocer e
identificar qué tipo de pensamientos estamos empleando para los distintos
acontecimientos que nos suceden. Nuestra capacidad de razonar y nuestros
pensamientos, pueden convertirse en aliados o en los peores enemigos del
bienestar físico, emocional y social de los seres humanos.
El manejo emocional:
Se ha descubierto la gran importancia que tiene la
inteligencia emocional en el desenvolvimiento social y en el bienestar de las
personas. La inteligencia emocional, tiene que ver precisamente con esa
capacidad de manejar adecuadamente las emociones, automotivarse y regular mi
estado de ánimo. Implica poder conocer, identificar y modificar las propias
emociones.
Se ha descubierto que un buen manejo emocional trae numerosos
beneficios:
- Incrementar
la salud mental y física
- Aumentar
la autoestima
- Poder
enfrentar adecuadamente situaciones conflictivas
- Aumentar
el autoconocimiento
- Mejorar
e incrementar las relaciones interpersonales
- Establecer
límites adecuados y ser asertivo.
- Poder
manifestar adecuadamente emociones como la ira, el miedo, etc, y no tener que
reprimirlas. Por ejemplo, poder demostrar mi enojo, sin tener que ser
agresivo.
- Romper
con patrones incorrectos de conducta y con relaciones nocivas.
¿Cómo manejar las emociones?
Es primordial comenzar por conocer e identificar los
pensamientos que estamos utilizando. La primera tarea es la auto observación:
detectar qué pensamos ante un hecho. De esta forma detectar si están
predominando ideas irracionales o pesimistas.
Luego podemos pasar a identificar cómo esos pensamientos nos
están generando cierto tipo de emociones, así como qué manejo están promoviendo
que les demos. Si tenemos la creencia arraigada de que llorar es malo,
posiblemente reprimamos el llanto, mas la emoción seguirá ahí en nuestro
interior generando incomodidad de alguna manera. Si optamos por pensar que
llorar es sano, sabremos encontrar desahogo y por lo tanto bienestar. “No se
trata de negar el pensamiento, sino de aprenderlo a usar, de ponerlo en su
lugar y potenciar sus posibilidades” ( Riso W, 2004).
Auto observarme y centrarme en conocer lo que sucede en mi
mundo interior, tanto a nivel mental, como emocional, va a permitirme tener un
mayor autocontrol de mis pensamientos y por lo tanto, un mejor manejo de mis
emociones. Control mental implica un mejor manejo emocional. Es necesario
reconocer que somos responsables de los pensamientos que sostenemos y por lo
tanto, dependiendo del manejo que les demos, así nos sentiremos.
Sin embargo, muchas emociones nos pueden impactar
inesperadamente, como la tristeza por la muerte de un ser querido, o el enojo
por un despido injustificado, el miedo por un asalto. En estos casos,
nuevamente tiene una gran importancia los pensamientos que utilicemos alrededor
de lo sucedido, pero sobretodo, el permitirnos sentir la emoción y expresarla
de la manera correcta sin afectar a otros, para así poder integrarla sanamente
en nuestra vivencia personal.
PARA RECORDAR:
- Somos responsables de la manera en la
que manejamos nuestros pensamientos, lo cual a su vez, tiene gran influencia en
el manejo que le demos a las emociones.
- No hay que justificarse diciendo que
uno es así. Puedo ser capaz de manejar de manera correcta mis emociones.
- Las emociones no deben negarse ni
censurarse, sino expresarse de manera asertiva sin afectar a otros.
- Para poder conocer las emociones, es
importante dejarlas fluir, permitirnos sentirlas y no reprimirlas.
- Es útil también informarse y educarse
en todo lo referente a las emociones, esto le facilitará reconocer su presencia
y distinguir qué tipo de emoción es la que está fluyendo. De esta forma, se
hará más sencillo aceptarla y por ende, expresarla de una forma adecuada.
- La expresión de las emociones debe
ser oportuna, externar en el lugar y momento adecuado. En todo caso, hay
situaciones en que es necesario postergarla, mas nunca bloquearla o reprimirla.
- No expresar las emociones, puede
llegar a generar serios problemas de salud, enfermedades psicosomáticas, etc.
- En caso de que se le dificulte mucho
manejar alguna emoción en especial, es bueno que busque recursos e información
para aprender técnicas de relajación o de autocontrol mental.





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