domingo, 21 de octubre de 2012

LAS EMOCIONES EN EL ÁMBITO LABORAL


LAS EMOCIONES

Numerosas pruebas anatómicas y psicológicas demuestran que pensar y sentir, es decir, el cerebro racional y emocional, forman una unidad inseparable. Para poder comprender e interpretar nuestro entorno necesitamos ambas cosas: la inteligencia racional y planificadora y el mundo de las emociones que suele actuar de un modo más bien espontáneo. Sólo la coordinación de la capacidad de sentir y la capacidad de pensar otorga al ser humano su amplio abanico de posibilidades de expresión, único en la naturaleza.


1. ¿QUÉ ES UNA EMOCIÓN?
Siguiendo a Goleman (1996), delimitaremos los alcances de la definición de emoción, como un estado afectivo que experimentamos, en el que es acompañado de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influidos por la experiencia. Toda emoción tiene una función adaptativa de nuestro organismo frente a lo que nos rodea. Además es un estado que sobreviene bruscamente y súbitamente.
 La emoción es una experiencia individual, en tanto que cada individuo la vive de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizajes, carácter y de la situación concreta.


2. ¿CÓMO FUNCIONAN LAS EMOCIONES?
Imagínese que pasea en bicicleta por un camino forestal. De pronto le sale al encuentro corriendo un perro pastor. Su relación con los perros es más bien distante. ¿Qué sucede en su interior?
Sus ojos mandan señales al tálamo, que traduce el estímulo sensorial que está recibiendo al lenguaje del cerebro y lo transmite a las zonas del cerebro correspondientes: por un lado, a los lóbulos prefrontales, que son responsables de la evaluación intelectual del problema, pero, por otro lado mediante una vía más rápida de transmisión de señales y con muchos menos detalles, también a la amígdala. Mientras el neocórtex recibe su mensaje y lo estudia en todos sus aspectos, la amígdala decide, basándose en una experiencia de la primera infancia, quizás ni siquiera consciente, que existe un peligro y es necesario actuar con rapidez.


La amígdala ha clasificado la situación como peligrosa. A través del hipotálamo, los nervios, el sistema motriz, el sistema hormonal y péptido y la activación de los neurotransmisores provocan una serie de reacciones. Su corazón empieza a latir con más fuerza, sus músculos se tensan, empalidece, sus entrañas se contraen, los rasgos de su rostro adoptan una expresión de miedo. Sin una participación cognitiva consciente, la amígdala pone en marcha una reacción de miedo congénita, preorganizada: se pone rígido y frena.
Los cambios en el estado del organismo son transmitidos al sistema límbico, que, mirando por encima de su propio hombro, podrá dar la señal de que ha pasado el peligro en el momento adecuado.
Mientras tanto, el lóbulo prefrontal analiza el acontecimiento emocional de forma cognitiva y reflexiona acerca de una reacción efectiva: hablar con calma al perro, no manifestar miedo alguno y continuar avanzando despacio parece ser lo más adecuado en ese momento.

3. ¿PARA QUÉ NECESITAMOS LAS EMOCIONES?
Las emociones son mecanismos que nos ayudan:

ü  Reaccionar con rapidez ante acontecimientos inesperados;
ü  Tomar decisiones con prontitud y seguridad, y
ü  Comunicarnos de forma no verbal con otras personas.
Investigaciones en pacientes cuyas zonas emocionales del cerebro habían sido dañadas por accidentes o enfermedades han demostrado que la falta de la participación emocional en el enjuiciamiento de las situaciones lleva a decisiones incorrectas, y que la carencia de emociones puede socavar el sentido común de las personas. Sólo la aplicación inconsciente o intencionada de las emociones proporciona la dimensión humana a nuestra vida cotidiana y hace comprensible para los demás nuestra actuación social o profesional

4. EMOCIONES Y SALUD
La salud del hombre es un complejo proceso sustentado en la base de un equilibrio entre factores biopsicosociales.
Emociones son procesos psicológicos que frente a una amenaza a nuestro equilibrio, ya sea físico o psicológico, actúan para restablecerlo ejerciendo así un papel adaptativo. Sin embargo en algunos casos, las emociones, influyen en la contracción de enfermedades, dejando de ser procesos adaptativos. La función adaptativa de las emociones va a depender de la evaluación que haga la persona del estímulo que pone en peligro su equilibrio, y de la respuesta que genere para afrontar ese estímulo.
Siendo la salud humana un complejo proceso de adaptación en el que confluyen factores biológicos, psicológicos y sociales, una persona sana debe estarlo tanto en mente como en cuerpo, es decir existe una relación. Esta relación permitió el nacimiento de una nueva ciencia, la psiconeuroinmunologia (PNI), que estudia cómo influyen ciertos procesos psicológicos en la salud.
Gracias a los estudios derivados de la PNI, se ha descubierto un vínculo físico (sinapsis), entre células del sistema nervioso y del sistema inmunológico, haciendo a estos dos sistemas humanos, interdependientes.
Una de las formas como influyen los procesos psicológicos en la salud, es a través de las emociones. Tanto las emociones positivas (alegría, buen humor, optimismo) como las negativas (ira, ansiedad) y el estrés influyen en la salud.
Las emociones perturbadoras influyen negativamente en la salud favoreciendo la contracción de ciertas enfermedades, ya que hacen más vulnerable el sistema inmunológico, lo que no permite su correcto funcionamiento.
Las emociones positivas son un beneficio para nuestra salud, ya que ayudan a soportar las dificultades de una enfermedad y facilitan su recuperación.
Todos estos descubrimientos sobre emociones y salud, tienen su aplicación en el tratamiento de las enfermedades, ya que este deberá ser un tratamiento integral, que considere la recuperación tanto de los factores físicos como de los factores psicológicos del paciente.

Emociones Negativas:
Se ha descubierto que las emociones negativas, como la ira, la ansiedad o la depresión, y también el estrés, debilitan la eficacia de ciertas células inmunológicas.
Estudios confirman que las emociones perturbadoras son malas para la salud. Se descubrió que las personas que experimentan ansiedad crónica, prolongados períodos de tristeza y pesimismo, tensión continua u hostilidad, cinismo o suspicacias implacables, tenían el doble de riesgo de contraer una enfermedad, incluidas asma, artritis, dolores de cabeza, úlceras pépticas y problemas cardíacos. Esta magnitud hace que las emociones perturbadoras sean un factor de riesgo tan dañino como lo son, por ejemplo, el hábito de fumar o el colesterol elevado para los problemas cardíacos, es decir, una importante amenaza a la salud (Goleman, 1996).
Lo anterior no indica, en modo alguno, que todos aquellos que tengan estos sentimientos serán más vulnerables a una enfermedad.

  • Influencia de la Ira en la salud
La ira es una emoción negativa que influye en la salud, fundamentalmente generando problemas en el corazón.
Estudios realizados en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford han descubierto el impacto que la ira tiene en la función cardíaca: en pacientes que habían sufrido al menos un ataque cardíaco, cuando se sentían furiosos e incluso cuando recordaban esos episodios, se producía una disminución de la eficacia de bombeo de su corazón, la cual no se observó con otros sentimientos perturbadores como la ansiedad. (Goleman, 1996).
Tomemos el caso de una persona que se enfurece repetidas veces. Cada episodio de ira añade una tensión adicional al corazón aumentando su ritmo cardíaco y su presión sanguínea. Cuando esto se repite una y otra vez, puede causar un daño, sobre todo debido a que la turbulencia con que la sangre fluye a través de la arteria coronaria con cada latido puede provocar microdesgarramientos en los vasos, donde se desarrolla la placa. Por eso, si su ritmo cardíaco es más rápido y su presión sanguínea más elevada porque está furioso habitualmente, tendrá mayor probabilidad de producir una enfermedad coronaria (Goleman, 1996).
Esta reactividad exagerada conduce a un ritmo cardíaco rápido, sensación de urgencia, impaciencia y hostilidad. Las prisas, las competencias y cosas parecidas aumentan la tensión acelerando la excitación simpática y contribuyendo más a la posibilidad de problemas coronarios (Davidoff, 1989).
El complejo ira-hostilidad se considera el aspecto psicológico que permite entender la influencia de los procesos emocionales en los trastornos cardiovasculares. Este complejo no es unitario, sino que está configurado por distintas variables psicológicas, las que en los hombres pueden variar con respecto a las mujeres (Breva y Palmero, 1998).
  
  • Influencia de la Ansiedad en la Salud
La ansiedad es una emoción negativa, una perturbación provocada por las presiones de la vida diaria. Es la emoción con mayor peso como prueba científica al relacionarla con el inicio de la enfermedad y el curso de la recuperación.
Como todas las emociones, la ansiedad, tiene utilidad adaptativa: nos ayuda a prepararnos para enfrentarnos a algún peligro. Pero en la vida moderna, es más frecuente que sea desproporcionada y fuera de lugar; la perturbación se produce ante las situaciones con las que debemos vivir o que son evocadas por la mente, no por peligros reales que debemos enfrentar. Por esta razón se esta convirtiendo en un riesgo para la salud si se presenta en forma crónica. Si las angustian perduran, estas amenazan la salud; una mayor cantidad de cambios en la vida y de molestias está vinculada con una mayor probabilidad de enfermedades físicas.
La ansiedad influye, principalmente, en la contracción de enfermedades infecciosas tales como resfriados, gripes y herpes. Estamos constantemente expuestos a esos virus, pero normalmente nuestro sistema inmunológico los combate, sin embargo, con la ansiedad esas defensas fallan. Las diferencias en resistencia a las enfermedades infecciosas se deben, en parte, a las tensiones de la vida. Cuantas más ansiedades existan, mayor será la incidencia de males infecciosos.
Durante la tensión las respuestas hormonales suprimen ciertas funciones inmunológicas, haciendo que las personas sean más susceptibles a los patógenos que causan los males infecciosos. Cuando la ansiedad persiste, las actividades inmunológicas pueden estar deprimidas.
El precio de la ansiedad no sólo es que disminuye la respuesta inmunológica; otra investigación está mostrando efectos adversos en el sistema cardiovascular. Mientras la hostilidad crónica y episodios repetidos de ira parecen poner a los hombres en un gran riesgo de enfermedad cardíaca, las emociones más mortales en las mujeres pueden ser la ansiedad y el temor. Lo que ocurre es que sistema nervioso simpático activado hace que los riñones retengan sal, la cual altera la regulación de la presión arterial en las personas susceptibles debido a las preocupaciones (Davidoff, 1989).
La razón es evidente: el pánico y la ansiedad elevan la presión sanguínea y las venas dilatadas por la presión, sangran más abundantemente cuando el cirujano hace la incisión con el bisturí. La hemorragia excesiva es una de las complicaciones quirúrgicas más molestas y puede provocar la muerte (Goleman, 1996).

  • Influencia del Estrés en la Salud
El estrés mental crónico parece inducir la superproducción de un producto químico, el péptido derivado del gen de la calcitonina en los terminales nerviosos de la piel. Por esto, el péptido recubre excesivamente la superficie de ciertas células inmunológicas (células de Langerhans), cuya tarea es capturar agentes infecciosos y entregarlos a los linfocitos para que el sistema inmune pueda contrarrestar su presencia. Debido a la menor vigilancia en una vía importante de acceso, el cuerpo es más vulnerable a las infecciones (Damasio, 1994).
Con lo anterior podemos darnos cuenta de lo nocivo que puede llegar a ser el estrés, pero aún así no es causa directa de enfermedades. El estrés no causa la enfermedad en sí, sino que impide la recuperación porque baja las defensas del cuerpo y aumenta la sensibilidad de la persona a los problemas físicos que han existido anteriormente (Reeve, 1994).
Múltiples estudios clínicos han demostrado que la palabra más adecuada para describir la relación entre estrés y salud es impacto, pues los factores psicosociales no son causa de enfermedad, sino que desempeñan un rol en la alteración de la susceptibilidad del paciente a las enfermedades (Rodríguez y Vega, 1998).
Estudios han demostrado que estresores potenciales como: grandes cambios en la vida, situaciones vitales crónicas y pérdida del apoyo social, están relacionados con enfermedades cardiovasculares, debido a que la secreción de hormonas durante el estrés parecen contribuir en este tipo de enfermedades, ya que: incrementan la tendencia de coagulación de la sangre, (si un coágulo se aloja en la arteria coronaria es probable sufrir un ataque cardíaco), elevan los niveles de ácidos grasos libres y triglicéridos que obstruyen las arterias, y aumentan la presión arterial (Davidoff, 1989).
En cuanto a la contracción de enfermedades infecciosas como virus del herpes o de la gripe, el estrés influye ya que debilita la acción del sistema inmunológico.
La relación entre estrés y cáncer parece estar en los efectos supresores del estrés en el sistema inmunológico. Si se deprimen las funciones inmunológicas, los organismos tienen menos capacidad para enfrentarse a los agentes cancerígenos (Davidoff, 1989).
  
CONCLUSIONES:
Conocer las propias emociones es algo fundamental. Reconocer cuál es la emoción que estamos sintiendo, en el momento en que la sentimos es tremendamente útil, ya que nos permite un mayor conocimiento de nosotros mismo y también nos permite saber canalizar y expresar esas emociones hacia los demás de manera adecuada.
Todas las emociones son buenas, mirándolas desde el papel adaptativo que juegan, sin embargo hoy se sabe que hay algunas que si se salen de los límites normales y se vuelven crónicas, ya no son tan buenas.
En la comunidad científica ya se acepta que las emociones tienen cierta influencia en la salud: se reconoce un vínculo físico entre el sistema nervioso y el inmunológico, que hace que estos sistemas, sobre todo el inmunológico dependa del nervioso para su correcto funcionamiento. Así, las emociones negativas y el estrés afectan al sistema inmunológico, haciéndolo más vulnerable; y las emociones positivas, el buen humor, el optimismo y la esperanza, junto al apoyo de otros, ayudan a soportar una enfermedad y facilitar su recuperación. Con esto, se estableció la relación mente/cuerpo, que permitió el nacimiento de una nueva disciplina de estudio, la Psiconeuroinmunnología.
Todos estos descubrimientos tienen una aplicación innegable para los profesionales de la salud en el tratamiento de las enfermedades, ya que deberán considerar un tratamiento integral para el paciente que considere tanto los factores físicos como los psicológicos de este.
Algunos cambios para la medicina en el tratamiento de enfermedades, tomando en cuenta el efecto de las emociones en la salud, serían: ayudar a la gente a manejar mejor sus sentimientos perturbadores (ira, ansiedad, depresión, pesimismo y soledad) ya que es una forma de prevención de la enfermedad; y  atender las necesidades psicológicas de los pacientes al mismo tiempo que las médicas.
.
 INTELIGENCIA EMOCIONAL

Goleman en su libro, INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LA EMPRESA (1998), utiliza el término de Inteligencia Emocional para referirse a la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en nuestras relaciones.
 
Teniendo en cuenta las anteriores consideraciones, podríamos decir que la IE es una capacidad que tiene o puede desarrollar el individuo para crear resultados positivos en sus relaciones consigo mismo y con los demás; se encuentra relacionada con la manera en que identificamos, utilizamos, entendemos y administramos nuestras emociones, de modo que “represente un salto sumamente significativo en los ámbitos de la comprensión de la conducta humana...”

Puede agregarse que “la IE trata acerca del sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos”.

Es un concepto relacionado con la diferenciación de respuestas que pueden ofrecer los individuos ante situaciones determinadas; es “una destreza que nos permite conocer y manejar nuestros propios sentimientos, interpretar o enfrentar los sentimientos de los demás; sentirnos satisfechos y ser eficaces en la vida, a la vez que crear hábitos mentales que favorezcan nuestra propia productividad”.

La inteligencia emocional presenta cinco dimensiones:

1. Autoconocimiento: Saber que se siente en cada momento, es decir conocer  los propios estados internos, preferencias, recursos e intuiciones,  y utilizar esas preferencias para orientar nuestra toma de decisiones; tener una idea realista de nuestras habilidades, fortalezas, debilidades y una bien basada confianza en uno mismo.

2. Autorregulación o control de sí mismo: Manejar las emociones, es decir los propios estados internos, impulsos y recursos. De modo que faciliten la tarea entre manos, en vez de estorbarla; ser escrupulosos y demorar la gratificación en pos de los objetivos; recobrarse bien de las tensiones emocionales.

3. Motivación: Utilizar nuestras preferencias más profundas para orientarnos y avanzar hacia los objetivos, para tomar iniciativas y ser efectivos  y para perseverar frente a los contratiempos y las frustraciones. Se manifiesta en las personas que muestran un gran entusiasmo por su trabajo y por el logro de las metas por encima de la simple recompensa económica, con un alto grado de iniciativa y compromiso, y con gran capacidad optimista en la consecución de los objetivos.

4. Empatía: Percibir lo que sienten los demás, es decir, la captación de sentimientos, necesidades e intereses ajenos, ser capaces de ver las cosas desde su perspectiva y cultivar la afinidad con una amplia diversidad de personas. Las personas empáticas normalmente tienen mucha popularidad y reconocimiento social.

5. Habilidades sociales: Habilidad para inducir en los otros las respuestas deseables, es decir, manejar bien las emociones en una relación e interpretar adecuadamente las situaciones  y las redes sociales; interactuar sin dificultad; utilizar estas habilidades para persuadir, dirigir y liderar, negociar y resolver disputas, para la cooperación y el trabajo en equipo.
Las tres primeras corresponden a la aptitud personal, es decir a las aptitudes que determinan el dominio de uno mismo. Las dos últimas corresponden a la aptitud social, es decir a las aptitudes que determinan el manejo de las relaciones. Inmersas en estas cinco dimensiones se encuentran  25 aptitudes emocionales.

APRENDIENDO A MANEJAR EMOCIONES

Las emociones en el ser humano, tienen una gran influencia en su salud, su comportamiento y en sus relaciones con los demás. Poco después del nacimiento, empezamos a adquirir emociones básicas o primarias como el miedo, el enojo, la alegría entre otros. Luego, se van haciendo más complejas gracias al lenguaje y el aprendizaje social.

Desgraciadamente, el ámbito de las emociones, ha sido un mundo del cual muy poco conocemos. Por lo tanto, se ha vuelto un área conflictiva y difícil de manejar, afectando esto nuestra salud y nuestras relaciones con quienes nos rodean.

Arrastramos una educación en la que las emociones no han sido tan relevantes de considerar, sino más bien censuradas o suprimidas; contrario al protagonismo que nuestra cultura le ha dado a las capacidades intelectuales. Muchos hemos crecido en familias donde se censuraba la expresión del afecto en forma explícita. En medio de esta desvalorización del mundo emocional, hemos llegado a perder el control de las mismas y actualmente se nos dificulta poder manejarlas adecuadamente.
Al hablar de emociones, necesariamente hay que referirse a los pensamientos, pues existe una estrecha relación entre ambos, que definen nuestro estado de bienestar y salud. Una persona que está sosteniendo malos pensamientos acerca de una situación, muy posiblemente va a sentirse mal, así como alguien que esté experimentando un fuerte dolor de estómago, no va a poder pensar muy bien.

También es importante recordar, que una emoción es producto del significado subjetivo y la interpretación que le demos a las situaciones, por lo tanto, cada quien experimenta sus emociones de acuerdo a cómo interpreta los hechos y de acuerdo a los pensamientos que sostenga sobre esas situaciones. De ahí que, ante un mismo hecho, las personas pueden sentir emociones diferentes.
Es por eso que no podemos desligar nuestra mente de nuestras emociones; y para poder manejarlas, es necesario empezar por conocer nuestro mundo interior. Este autoconocimiento, comienza por saber reconocer e identificar qué tipo de pensamientos estamos empleando para los distintos acontecimientos que nos suceden. Nuestra capacidad de razonar y nuestros pensamientos, pueden convertirse en aliados o en los peores enemigos del bienestar físico, emocional y social de los seres humanos.

El manejo emocional:
Se ha descubierto la gran importancia que tiene la inteligencia emocional en el desenvolvimiento social y en el bienestar de las personas. La inteligencia emocional, tiene que ver precisamente con esa capacidad de manejar adecuadamente las emociones, automotivarse y regular mi estado de ánimo. Implica poder conocer, identificar y modificar las propias emociones.
Se ha descubierto que un buen manejo emocional trae numerosos beneficios:
  • Incrementar la salud mental y física
  • Aumentar la autoestima
  • Poder enfrentar adecuadamente situaciones conflictivas
  • Aumentar el autoconocimiento
  • Mejorar e incrementar las relaciones interpersonales
  • Establecer límites adecuados y ser asertivo.
  • Poder manifestar adecuadamente emociones como la ira, el miedo, etc, y no tener que reprimirlas. Por ejemplo, poder demostrar mi enojo, sin tener que ser agresivo.
  • Romper con patrones incorrectos de conducta y con relaciones nocivas.
¿Cómo manejar las emociones?
Es primordial comenzar por conocer e identificar los pensamientos que estamos utilizando. La primera tarea es la auto observación: detectar qué pensamos ante un hecho. De esta forma detectar si están predominando ideas irracionales o pesimistas.
Luego podemos pasar a identificar cómo esos pensamientos nos están generando cierto tipo de emociones, así como qué manejo están promoviendo que les demos. Si tenemos la creencia arraigada de que llorar es malo, posiblemente reprimamos el llanto, mas la emoción seguirá ahí en nuestro interior generando incomodidad de alguna manera. Si optamos por pensar que llorar es sano, sabremos encontrar desahogo y por lo tanto bienestar. “No se trata de negar el pensamiento, sino de aprenderlo a usar, de ponerlo en su lugar y potenciar sus posibilidades” ( Riso W, 2004).
Auto observarme y centrarme en conocer lo que sucede en mi mundo interior, tanto a nivel mental, como emocional, va a permitirme tener un mayor autocontrol de mis pensamientos y por lo tanto, un mejor manejo de mis emociones. Control mental implica un mejor manejo emocional. Es necesario reconocer que somos responsables de los pensamientos que sostenemos y por lo tanto, dependiendo del manejo que les demos, así nos sentiremos.
Sin embargo, muchas emociones nos pueden impactar inesperadamente, como la tristeza por la muerte de un ser querido, o el enojo por un despido injustificado, el miedo por un asalto. En estos casos, nuevamente tiene una gran importancia los pensamientos que utilicemos alrededor de lo sucedido, pero sobretodo, el permitirnos sentir la emoción y expresarla de la manera correcta sin afectar a otros, para así poder integrarla sanamente en nuestra vivencia personal.

PARA RECORDAR:
-  Somos responsables de la manera en la que manejamos nuestros pensamientos, lo cual a su vez, tiene gran influencia en el manejo que le demos a las emociones.

-  No hay que justificarse diciendo que uno es así. Puedo ser capaz de manejar de manera correcta mis emociones.

-  Las emociones no deben negarse ni censurarse, sino expresarse de manera asertiva sin afectar a otros.

-  Para poder conocer las emociones, es importante dejarlas fluir, permitirnos sentirlas y no reprimirlas.

-  Es útil también informarse y educarse en todo lo referente a las emociones, esto le facilitará reconocer su presencia y distinguir qué tipo de emoción es la que está fluyendo. De esta forma, se hará más sencillo aceptarla y por ende, expresarla de una forma adecuada.

-  La expresión de las emociones debe ser oportuna, externar en el lugar y momento adecuado. En todo caso, hay situaciones en que es necesario postergarla, mas nunca bloquearla o reprimirla.

-  No expresar las emociones, puede llegar a generar serios problemas de salud, enfermedades psicosomáticas, etc.

-  En caso de que se le dificulte mucho manejar alguna emoción en especial, es bueno que busque recursos e información para aprender técnicas de relajación o de autocontrol mental.


No hay comentarios:

Publicar un comentario